Redescubriendo América

Tanto el desembarco del Barcelona en Arroyo Seco en 2006 (Centro Deportivo para la atención social de la infancia) como el del Atlético de Madrid en Bajo Flores, San Nicolás y Rosario confirman el mandato de estos tiempos. Lo que era un club social ahora se concibe como una multinacional con filiales y objetivos sociales. El proyecto no es ya la inmigración contractual sino el implante. Lo que era transferencia empieza a ser instalación. Porque ni el Barcelona ni el Atleti sostienen otros intereses que los federativos, corporativos en fin. Los propositos de sus fundaciones en la Argentina se remontan a conceptos de “fútbol social”, creación de inferiores propias con los semilleros barriales para luego exportar a las promesas.

Los proyectos de inclusión social son la excusa de este redescubrimiento de América. Las reservas incluyen aceptar que lamentablemente es lo que hay, que los clubes argentinos incluso los más grandes no son capaces aún de promover sus inferiores sea por refuerzos, historia y estrellitas que se lo impiden: si no es por una lesión, la figura no se despega. Entonces está por un lado el interés de los clubes europeos de armar sus semilleros en el mismísimo tercer mundo pero está también el descuido del club local que hace a la postergación de la soñada primera. Ninguno de los dos son enemigos.

En estos días se supo que Boca, un club con históricos y sudamericanos que tapan lo que viene, lo interno, afronta una situación complicada debido a que de un día para el otro un tal Nayar, que tenía contrato con el club, se fue a España a jugar al Recreativo de Huelva gracias a la patria potestad. Esto no volverá a suceder si el fútbol se vuelve fundacional.